Sin el poder de la concentración nuestra mente es débil, como la llama de una vela expuesta al viento. Con la concentración creamos una pantalla mental que impide que nuestros muchos pensamientos agiten y turben nuestra mente, proporcionándonos de este modo calma y serenidad, y realizamos con mayor efectividad cualquier actividad que nos propongamos.
Si aprendemos a eliminar nuestras distracciones y preocupaciones, nuestra concentración será clara y firme. Nos será fácil progresar en nuestras prácticas de meditación, y mejoraremos nuestra capacidad para solucionar nuestros problemas diarios.
